Blog| En busca de María Quesado
Me encontré con María en las páginas de una revista llamada “Vida Alegre”. Su imagen, en blanco y negro, daba un aura de misterio. El vestido: largo, con un diseño impreso. ¿O sería bordado? Algo sencillo, sin duda, dada su posición como empleada doméstica. Lo más memorable es su mirada distante, su recorte de paje, la cinta en su cabello.
Pero eso es la mitad de la historia. Diagonalmente, otra foto se le opone. Es la imagen de un joven de pelo corto, con sombrero en mano, vestido de saco y corbata, todo de una o dos tallas muy grandes. La misma persona, según explicaba la nota al calce. Me tomó un momento corroborarlo. Antes y después. ¿Cuál era antes? ¿Cuál era después? Obvio: el recorte y la nota al calce delataban el proceso. “Juan Sacristán, en traje de mujer” pasa a ser “Juan Sacristán, en su traje actual”.
El artículo, titulado “Un curioso suceso”, comienza así: “Procedente de Vega Baja y conducido por el Jefe de Distrito de Policía de aquel puesto…” Queda en claro desde el principio que el “curioso suceso” es una acción policial. ¿Y cuál es el delito de María Quesado?
Primero, lo esencial. María no recibió sanciones judiciales. Quiero decir que no se le radicaron cargos. No se puede descartar que su arresto en Vega Baja, traslado a San Juan, detención en el cuartel de la capital y presentación ante la prensa fueron procesos policiales de bastante peso. María perdió su empleo, su libertad e incluso su reputación como empleada doméstica. Pero no se le radicaron cargos.
Entonces, ¿por qué la arrestaron? La respuesta más sencilla sería el fraude de identidad. Es decir, que se presentó bajo un nombre ficticio. Un nombre nuevo, vale aclarar, no el de alguna otra persona, en perjuicio de dicha persona. ¿Es un crimen? No me consta qué diría sobre eso el código legal en el Puerto Rico de 1913. “Por otro lado”, dice el artículo, “habrán de sentir no buena impresión aquellas muchachas a quienes peinó y ayudó a vestir la fingida María Quesado.” Es posible que esas muchachas (hipotéticas, el artículo no las menciona) se hubieran sentido engañadas. Mas, ¿hasta qué punto?
Que la criada ayude a peinar a las mujeres de la casa era una cosa común; lo improbable es que una mujer puertorriqueña de 1913 necesitara ayuda para vestirse. Véase los vestidos sueltos que llevan estas mujeres ponceñas de alta clase social:
“Puerto Rico Ilustrado. 10 junio de 1910.
De la gente pobre, ni hablar.
No me consta cómo se hacían las cosas, ni qué se esperaba de las criadas. ¿Era parte del trabajo de María Quesada peinar a las mujeres de la casa? No hay que dudarlo. ¿Vestirlas? Eso sí lo dudo. Estamos hablando de la familia de Tito Piña en Vega Baja, no de las infantas de Aranjuez.
Sabemos que el alegado delito de María Quesado tenía repercusiones sociales. Estado, familia y religión andaban muy de la mano en el Puerto Rico de 1913. Y la iglesia se oponía, como todavía se opone vigorosamente a que una persona sea transgénero. Igual el gobierno - del cual la policía es el instrumento más visible - se oponía y, en un enorme paso atrás, otra vez se opone. Al menos en Washington, donde estaban los jefes del teniente Shanton. De donde hoy surgen órdenes ejecutivas al efecto.
¿Y qué más sabemos de María Quesado? Su padre, Juan Sacristán, quizás fue el agente de ventas del periódico “La Correspondencia”:
“La Correspondencia de Puerto Rico.“ 19 de diciembre de 1908.